Belly sólo ha querido a dos chicos en su vida. Y
ambos se apellidan Fisher. Tras salir con Jeremiah durante los últimos dos
años, está casi segura de que es su alma gemela.
En cambio, Conrad no ha superado el error de
haberla dejado escapar, así que cuando Belly y Jere deciden dar un paso más en
su relación, sabe que no le queda más remedio que hablar ahora o callar para
siempre.
Año tras año, Belly espera con impaciencia la
llegada de las vacaciones para reencontrarse con Conrad y Jeremiah en la casa
de la playa. Pero este verano no podrá ir.
No después de que la madre de los chicos volviera
a enfermar y de que Conrad cambiara. Todo lo que el verano significaba se ha
esfumado y Belly está deseando que acabe.
Hasta que recibe una llamada inesperada que la
convence de que aún podría volver a ser como antes. Y eso sólo puede ocurrir en
un lugar…
Belly mide su vida en veranos. Todas las cosas
buenas, todas las cosas mágicas ocurren entre los meses de junio y agosto.
Los inviernos son simplemente un tiempo para
contar las semanas hasta el próximo verano, un lugar lejos de la casa de la
playa, lejos de Susannah, y más importante, lejos de Jeremiah y Conrad. Son los
chicos que Belly ha conocido desde su primer verano—ellos han sido sus figuras
de hermanos, sus amores, su todo lo demás.
Pero un verano, un terrible y maravilloso verano,
las mayoría de las cosas cambian, de la más extrema manera en que debió de
haber sido desde el principio.